Uno de los problemas que hubo que resolver entre los académicos y nuestros ilustrados tenientes de navío fue la adopción de la unidad de medida en la que se entregarían los resultados. Los franceses preferían la toesa de París, constante en toda Francia y los españoles, por el contrario, preferían la vara. La dificultad de la elección de la vara[1]  presentaba tres problemas adicionales: a) que su longitud no era constante, b) que dependía del valor del codo[2] y c) que este tenía una longitud diferente, por ejemplo.  La longitud de la vara castellana era de tres codos de Burgos.

 

Para La Condamine esa amalgama de unidades era un síntoma del retraso científico y académico en que se encontraba España y de su incipiente y tímida ilustración. Se acordó por tanto, que se realizarían en dos grupos y que los resultados se darían en toesas de Perú[3], previa construcción de dos nuevas toesas porque entendía que las grandes variaciones de temperaturas extremas, humedad y fuertes vientos desaconsejaban el empleo de la toesa de Chatelet...

El 16 de noviembre de 2018 y en la Iglesia de los Jerónimos, tan cerca de su Museo Naval, a las 20:00 se celebrará un funeral por el eterno descanso de Francisco Fernández.

Un grupo de amigos y seguidores de mi blog me pidieron un post de elogio a Paco, en el que, por cierto, el último colgado corresponde a una traducción suya sobre un artículo en inglés escrito por un amigo en común.

De esta idea me surgió la idea de buscar amigos, colaboradores, alumnos, profesores o doctorandos entre otros, para que de forma totalmente personal nos descubrieran parte de la grandeza humana, técnica y profesional de este hombre excepcional.

Gracias a todos los que han colaborado, es verdad que no están todos los que fueron, pero los que estamos si fuimos.

José María Sánchez Carrión

Cuando Jorge Juan y Santacilia fue seleccionado en 1735 para participar en la Misión Geodésica de Ecuador, él esperaba que estaría trabajando exclusivamente en las Montañas de los Andes, inspeccionando la tierra y observando las estrellas con el fin de determinar la verdadera figura de la Tierra. Como José María Sánchez Carrión describirá en este sitio, él y su compañero guardiamarina Antonio de Ulloa navegaron desde España, se encontraron con los miembros franceses de la expedición en Cartagena de Indias, y para Junio de 1736 estaban en Quito para comenzar las arduas tareas de las mediciones.

 

El trabajo de la expedición fue interrumpido por el estallido en 1739 de la Guerra del Asiento (War of Jenkin’s Ear), en la cual la armada británica lanzó varios ataques sobre el Virreinato español del Perú, en las costas del Caribe y del Pacífico. Aunque Jorge Juan y Ulloa fueron encargados de ayudar a los científicos franceses, eran también oficiales de la Real Armada y  se les exigía ir a la defensa del reino...

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