ELOGIO AL PROFESOR DOCTOR INGENIERO NAVAL DON FRANCISCO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, DE UN GRUPO DE ADMIRADORES CON EL RECONOCIMIENTO A SU LABOR REALIZADA.

 

El 16 de noviembre de 2018 y en la Iglesia de los Jerónimos, tan cerca de su Museo Naval, a las 20:00 se celebrará un funeral por el eterno descanso de Francisco Fernández.

Un grupo de amigos y seguidores de mi blog me pidieron un post de elogio a Paco, en el que, por cierto, el último colgado corresponde a una traducción suya sobre un artículo en inglés escrito por un amigo en común.

De esta idea me surgió la idea de buscar amigos, colaboradores, alumnos, profesores o doctorandos entre otros, para que de forma totalmente personal nos descubrieran parte de la grandeza humana, técnica y profesional de este hombre excepcional.

Gracias a todos los que han colaborado, es verdad que no están todos los que fueron, pero los que estamos si fuimos.

 

José María Sánchez Carrión

 

Lectura de su nieto Miguel Tamayo Fernández en el sepelio de Paco celebrado el 15 de octubre pasado en la Iglesia de Torrelodones.

Todo esto ha sido injusto.

Injusto ha sido para todos. Injusto pasar de verte decir, con toda la calma, uno a uno todos los municipios de una provincia, a decir que no quieres más "bolitas verdes".

Injusto ver a mi madre contener las lágrimas día tras día cuando las malas noticias llegaban una a una como poniendo a prueba su aguante.

Injusto ver a mi familia sufriendo, e injusto, más todavía, verte a ti hacerlo por no poder dar un paso más. A ti, que hiciste el Camino de Santiago andando como quien se da un paseo por Los Peñascales. A ti, que siempre has andando tu camino de forma superdotada y humilde.

Estate tranquilo, porque nos has dejado claro ese camino. Ahora seremos nosotros los que demos pasos para hacerte sentir orgulloso.

Siempre has sido y serás el diccionario más completo, la enciclopedia más extensa y la calculadora más rápida que la historia y, por supuesto, mis ojos, habrán visto nunca.

Paco, papá, abuelo, siempre has estado ahí para nosotros, y ahora, siempre lo estarás.

 

Lectura de su hija Patricia Fernández Bardisa en el sepelio de Paco celebrado el 16 de noviembre en la Iglesia de los Jerónimos.

Hoy hace un mes y dos días que nuestro padre se fue. Han sido sólo los primeros días de nuestra nueva vida sin él, de enorme tristeza y de preciosos mensajes de condolencia que nos confirman más aún la maravillosa persona que ha sido.

Durante sus últimos meses, mientras las noticias sobre su estado de salud se sucedían, él se llenaba de familia, de besos y de te quieros y demostraba que uno se va como ha vivido: humilde, agradecido, generoso y derrochando amor. “Estás bien”, “qué necesitas” y “gracias” fueron las pocas palabras que su cabeza le dejó repetir hasta el final. Qué inmenso padre. Qué grandísimo corazón.

Se fue despacito, sin ruido… para reunirse con sus padres y con los hermanos que se fueron antes que él… qué bonito tuvo que ser su reencuentro! Y lo imaginamos rodeado de todos sus admirados personajes: los grandes descubridores, los protagonistas del arte y de la historia, su Cervantes, sus poetas y, cómo no, los arquitectos de barcos, con quienes compartirá los pocos secretos que le quedaban por conocer, si es que los había, sobre la construcción de sus navíos. Se ha acercado a su cielo, a sus estrellas… y en algún lugar entre todas, brilla él.

Su legado es enorme. Dedicó su vida a enseñar a sus muchachitos y, casi sin querer, a ser el ejemplo admirado y silencioso primero de sus hijas, luego de sus nietos. Todo lo sabía el abuelo. Todo lo podía arreglar y resolver. Y desde su humildad, con esa sonrisa suya de orgullo, les ha dejado su impronta. Lo echan de menos. Lo tendrán presente siempre y, a los que están por venir, también les enseñaremos a quererlo.

Ahora mira de frente la sonrisa de la Virgen y desde el lugar en el que tenía guardado su sitio, nos cuida, nos protege y nos sigue enseñando. Está en los pequeños detalles que nos recuerdan a él cada día: un gesto educado, una sonrisa sincera, la sencillez, la gratitud, el cocido de los domingos, las hojas del otoño, las bellotas, el jamón, los paseos, la lectura, los números, el campo y Júpiter o Venus.

Agradecemos los sinceros recuerdos que de él hemos recibido estos días y que reconocen en nuestro padre la grandeza humana, técnica y profesional de un hombre excepcional. Que afirman que Siempre buscaron su consejo, no solo por su conocimiento sino también por su sabiduría. Que dicen que fue verdaderamente un tesoro nacional de España,  brillante heredero de Gaztañeta, de Jorge Juan, de Romero Landa… que, aplicado con pasión al estudio y al trabajo, se volvió un tipo feliz y despreocupado de miserias morales. Los que hablan de sus réplicas, que gracias a su sabiduría seguirán adelante para honrar su memoria en cada tabla, clavo, cuaderna o estopa que coloquen. Y quienes sienten que se han quedado huérfanos pero con los remos en alto y agradecen a Dios que les haya puesto a nuestro padre en su camino. Agradecemos de corazón que nos acompañéis en nuestro dolor.

Y también nos alegramos con vosotros. Porque todos los que compartimos la fortuna de haberlo tenido cerca llevaremos para siempre una parte de él: a todos nos ha hecho mejores personas.

Dijo San Agustín: “seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí. Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido. Sin énfasis de ninguna clase. Sin señal de sombra”. “Os espero, no estoy lejos. Sólo al otro lado del camino” ”Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz”.

Gracias, papá, por crear esta maravillosa familia. Tus pléyades te pensaremos cada día…

 

 

 

Nuestros comentarios y recuerdos

Nota: Las fotos corresponden a instantáneas de Paco y que en muchos casos no corresponden con el autor del comentario

 

Milika Duno

"Mi admirado Profesor, su dedicación para transmitir conocimientos me dejó gratamente impactada, siempre estaré agradecida, fue una gran suerte haber recibido de Usted tanto aprendizaje".

 

Larrie D. Ferreiro

"Francisco fue la epítome de un caballero académico. Fue único en su gran pasión y conocimientos sobre la arquitectura naval y la historia. Siempre busqué su consejo, no solo por su conocimiento sino también por su sabiduría. Él fue verdaderamente un tesoro nacional de España”.

 

Enric Garcia

Francisco llegó al Museu Marítim de Barcelona como investigador y se marchó como amigo y maestro.

En 2006 Francisco recibió la beca Monjo i Pons, en realidad un premio a un proyecto de investigación que, por dos años, le iba a llevar por un camino difícil: estudiar con rigor la aportación de la marina velera Cataluña a la arquitectura naval, desde el punto de vista tecnológico, más allá de los tópicos y los lugares comunes. Además de aportar experiencia y erudición, nos ayudó a comprender una parte importante de nuestras colecciones, y con ello, de nuestro pasado.

Antes de obtener la beca, era para nosotros un perfecto desconocido. No tardamos en descubrir que traía consigo una carrera imbatible como investigador. Y en los meses que duró su trabajo, encontramos en él a un maestro. Y también a un amigo para siempre que, a pesar de las distancias que nos separaban en edad y formación, nos trató como iguales y nos hizo mejores en nuestro trabajo.

Su trabajo se publicó en el año 2009 y todavía es libro de referencia en la materia. Y lo será por muchos años, no sólo por lo que explica sino por su admirable forma de plantear las preguntas correctas para encontrar las respuestas más sorprendentes. 

 

 

Guillermo Gefael

IN MEMORIAM.

A Paco Fernández lo traté poco. Fui su alumno en la Escuela de Navales allá por mis años mozos y lo que recuerdo de él es que era un profesor conocedor, amable y bondadoso. Aprobé su asignatura de Construcción Naval sin sobresaltos. Tras terminar mis estudios mi vida discurrió por derroteros diferentes a los suyos y no volví a saber de él hasta este mismo año de 2018. 

Pretendiendo organizar en la Escuela Naval Militar una Jornada sobre Naves de los Descubrimientos, S. XV y XVI, tema en el que soy un perfecto lego, nuestro común amigo José María Sánchez Carrión me habló de Paco como uno de los mayores expertos en España sobre Arqueología de la Arquitectura Naval, recomendándome que hablara con él. Le llamé por teléfono allá por el mes de febrero para explicarle la idea y proponerle que fuera uno de los ponentes, a lo que, para mi gran alegría, accedió de inmediato. Fue una conversación muy agradable y me sorprendió que se acordase de mi a pesar de los muchos años transcurridos. 

Después de este contacto inicial tuvimos unos cuantos más mediante los correos electrónicos que dirigía al grupo de ponentes, siendo siempre el primero en contestar y siempre con ideas constructivas. Me extrañó que unos pocos meses más tarde dejara de hacerlo y allá a principios de septiembre me comunicaron que una mala y repentina enfermedad estaba acabando con su vida, por lo que no podría venir a la Jornada. Al poco tiempo falleció y fue a recogerse en el regazo de Dios. Seguro que desde allí estuvo pendiente de la Jornada y en algo tuvo que intervenir, porque fue un éxito.

No puedo contar más de él. De lo poco que le traté me quedó la impresión de ser una buena persona y una de las escasas que están dispuestas a compartir sin reservas su conocimiento, fraguado tras muchos años de investigación, de una forma desinteresada, entusiasta y humilde.

Seguro que hoy está navegando por los mares de la Eternidad, en compañía de los Ángeles, a bordo de aquellos tipos de barcos sobre los que investigó, maravillándose de sus detalles constructivos y el buen hacer de los que los diseñaron, construyeron y navegaron. Que desde allí nos ampare y nos guíe en nuestra vida y nuestro trabajo de ingenieros.

 

Miguel Godoy

“IN MEMORIAM”

CARTA DE DESPEDIDA A MI AMIGO PACO

Todavía recuerdo con nostalgia y emoción cómo en el mes de marzo del año 2012, vino a verme al taller de restauración y modelismo del Museo Naval mi amigo Francisco Fernández González diciendo, como de costumbre cuando entraba “Buongiorno per la mattina.” “Miguel, vengo a darte una grata noticia que te gustará. Nos sentamos con unos folios en la mano, de manera que vamos a sentarnos y voy a contarte de qué se trata” Tú dirás, le comenté, y sacando unos folios me dijo: “Éste es un gran proyecto de construcción naval de los que te gustan”.

Vamos a construir la tristemente famosa Fragata Mercedes. Después de una charla amena, distendida y relajada, me confesó que para aquel proyecto dirección del Museo quería que fuese el responsable. “Necesitaré ayudante de plena y total confianza, y ya lo tengo en mi cabeza”.

Ya en julio ya había estudiado el Reglamento del Romero Landa, diseñador de la Mercedes y antes de empezar las vacaciones me dijo: “Tengo prisa, pero vendré a verte este mes, antes de que te vayas, para comentar algunos detalles, no quiero que queden flecos sueltos”.

Así fue, a finales de julio vino a verme para explicarme una cosa interesantísima: “Verás Miguel, resulta que tú sabes muy bien, cómo fue ese triste final de la fragata, estoy pensando, y en eso me tienes que ayudar en, que la presentemos como abierta de proa a popa, con las cuadernas del costado de babor ordenadas, pero como si estuvieran rotas. Desde la proa hasta la cuaderna maestra.” – “Salvamos la cuaderna maestra del modelo, completa, a la vista de los visitantes y continuaremos haciendo con las restantes cuadernas que van a la popa el mismo efecto de rotura ya mencionado.”

Ante mis comentarios sobre la diferencia de maderas que usara el constructor Francisco Autrán que el roble empleado es roble americano y otras maderas.”

- “Qué alegría me da que te anticipes pensando en este pequeño y gran detalle. Tenemos tiempo ya que la acabaremos para mediados de febrero del 2014.

Formamos un buen equipo José Antonio Álvarez Manzanares, Javier Casado, Enrique Lechuga o Javier Vicendo que me comentó tu partida.

 

 

Como tantas veces decías. estamos de paso. Quisiera decirte muchas cosas que me fluyen en la mente, pero para ordenarlas necesitaría mucho tiempo, y como bien sabes, “allá donde estés” el tiempo pasa volando sin retroceder.

¿Recuerdas de nuestras conversaciones en la cafetería del Cuartel General de la Armada y cuando vino a ayudarnos tu nieto Kiko, buen ayudante y mejor compañero? Me viene a la mente también cuando hicimos hace muchos años aquellos cursos de arquitectura naval en el museo y en la escuela técnica superior de ingenieros navales.

Me acuerdo, como paseando por las diferentes salas del museo y hablando siempre de lo mismo, me hablabas siempre de metrología y demás conceptos navales. Con el tiempo me di cuenta que fue muy aprovechable y cada vez que tocaba un modelo, directa o indirectamente lo relacionaba contigo.

Te acuerdas cuando vino a vernos Pérez Reverte al taller y nosotros estábamos acaloradamente discutiendo delante de la enorme mesa de gálibos sobre el montaje de la popa y al verle nos pusimos a reír, nos miró fijamente y dijo: “No me extraña nada que estéis discutiendo porque esto, me lo vais a explicar por favor, porque a mí me parece un enorme carajal.” Nos reímos hasta decir basta.

¿Pero qué más da todo ya?, ¿Qué importancia tienen esas cosas no estando en vida? Rebatir ideas, refutarlas o discrepar por completo, no merece la pena adueñarse de algo que, a lo mejor no nos pertenece. Todo es efímero querido Paco, nos apegamos a lo nuestro pensando que es lo mejor, pero está claro que no, que no es así. Cuando lo creemos estamos profundamente engañados.

Un fuerte abrazo, hasta siempre.

 

Juan A. Granados

Cuando Paco me llevó al Cabo Trafalgar

Conocí al Dr. Francisco Fernández González de la mano del historiador naval estadounidense Larrie Ferreiro. Fue cuando el aniversario de Trafalgar, allá por el 2005.

Pasé tres días gloriosos a caballo entre Madrid y Cádiz en los que aprendí mucho sobre aquellas enormes baterías flotantes y sobre quienes las construyeron, también constaté entonces que el gremio de ingenieros navales, ajeno a cualquier trivialidad de las muchas que nos invaden, sigue a la suya, pegándole duro a la ciencia, embebido en sus asuntos, en su hidrodinámica, en su mecánica de fluidos, inasequible al general desvarío que nos envuelve. Los ingenieros cuentan, cuentan constantemente y a todas horas, viven en un mundo maravilloso y particular.

Recuerdo vivamente que le pregunté a Francisco qué parada de metro se encontraba más cercana a la ETSIN, me respondió, sonriente y amable como era: “desde Moncloa hay 800 pasos y desde Ciudad Universitaria, 850, no obstante, la pendiente es menor al menos en 3º, lo que permite una marcha más liviana”.   Para mí, el afán de este brillante heredero de Gaztañeta, de Jorge Juan, de Romero Landa, no sé si decir que también de Francisco Gautier, deja bien claro un asunto nada baladí: que cuando alguien se aplica con pasión al estudio y al trabajo, se vuelve un tipo feliz y despreocupado de miserias morales.

Ocurrió que estuve tres días en su compañía, gozándola con sus serenas explicaciones sobre el asunto de Trafalgar. Ya sabía que nuestros barcos eran buenos, que el andar del San Juan Nepomuceno era más franco que el del mismísimo Victory, aunque no desde luego desde un punto de vista tan cuantitativo como Paco, genio de la medida, me mostró. También conocía los desatinos de Villeneuve y el tal vez excesivo respeto de Alcalá Galiano por la ordenanza; pero al final, entre todos se establece que el principal problema era la falta de práctica para la maniobra que evidenciaron las tripulaciones embarcadas en la flota combinada. ¡Caramba! De nuevo la ausencia de conocimiento, la improvisación y el dejémoslo para mañana...

Recuerdo permanecer en su grata y fácil compañía, sentado frente al mar, al pie del faro de Trafalgar, contemplando la majestuosa caída del sol, paralelo a la cercana África; en silencio contemplamos juntos la línea imaginaria de navíos que aquel día rompió el ímpetu de Horacio Nelson; fue un momento mágico que jamás olvidaré. Guardo cabe mí una reproducción de la metopa grabada por él mismo que sirvió como obsequio para los congresistas asistentes a aquel evento, bien que agradezco tenerla, para contemplarla de vez en cuando y recordar los valores inmortales que representa. Gracias Paco, por tanto.

 

Jose Maria de Juan-Garcia

Que la ingeniería naval es una actividad técnica y económica, ya lo sabemos los ingenieros navales, pero que además debe ejercerse en un entorno humanista formando parte de la cultura y de la historia, ha sido Francisco Fernández quien nos lo ha hecho patente a lo largo de su plena e interesante vida profesional.

En la conversación, no podía pasar de un debate inteligente sobre el cálculo de estructuras o la optimización del rendimiento de las hélices propulsoras a realizar atinadas observaciones sobre la evolución de la construcción naval en el mundo islámico o comentar en profundidad el Examen Marítimo de Jorge Juan o la obra de Juan Monjó i Pons.

Creo estar en lo cierto si afirmo que todos los ingenieros navales que nos hemos sentido atraídos por la evolución de la construcción naval a lo largo de la historia, nos hemos movido en la estela de sus trabajos, de sus ideas y de su entusiasmo.

Francisco Fernández creó escuela sin proponérselo, donde los ingenieros navales hemos encontrado nuestro lugar en el estudio de la historia, de tal manera que hoy somos reconocidos como eslabones imprescindibles en los equipos interdisciplinares que investigan y se plantean obtener una mayor comprensión de la historia relacionada con el mundo de la mar.

Gracias por tu amistad Paco

 

José Ramón López Díaz-Delgado

Paco Fernández era un Ingeniero Naval perteneciente a la promoción de 1964, diez años anterior a la mía. Diez son muchos años, que nos alejan de relaciones de compañerismo y amistad personal, a pesar de que fuimos vecinos durante algunos años del Barrio del Retiro de Madrid.

Nuestros contactos fueron fundamentalmente de naturaleza profesional durante un corto período de tiempo, cuando Bazán creó su Dirección Técnica a principios de los 80, y encomendó a Paco Fernández la dirección del Área de Arquitectura Naval. Allí descubrí a un Ingeniero Naval de profundos conocimientos, a un profesional entregado a su trabajo, a un trabajador infatigable, a un motivador de jóvenes profesionales y a un jefe que asumía responsabilidades. En una palabra, una persona, que, muy pronto, se ganó el respeto y la admiración de todos nosotros, jóvenes ingenieros que empezábamos en aquellos años nuestra actividad profesional.

Sin embargo, en una decisión que yo no comprendí en aquel momento, pronto nos dejó para irse a la ETSIN como catedrático de Construcción Naval. Su trabajo como catedrático durante estos años ha dado lugar a un sinnúmero de conferencias, cursos, seminarios en España, Europa y USA, proyectos de investigación, colaboraciones con el Museo Naval y la introducción en la Escuela de los estudios de Historia de la Arquitectura y Construcción Naval. El espíritu inquieto de Paco, su afición a la investigación, su curiosidad por la historia y su humanismo no podían haber encontrado mejor campo de actuación que el que le proporcionó su trabajo en la Universidad. Seguro que él fue feliz haciendo este trabajo y en ello estuvo gran parte de su decisión de cambiar la empresa por la Universidad.

Descansa en paz, Paco y siéntete satisfecho de tu trabajo como Ingeniero Naval a lo largo de tu vida profesional en la empresa y en la Universidad. Tus compañeros siempre te recordaremos.

 

Manuel Moreu

La promoción del 75 fuimos los primeros alumnos de Paco en la Cátedra de José Antonio Alaez, y le tocó dar la estabilidad.

Con el aura de haber estado en el MIT, con un planteamiento novedoso y con esa proximidad tan característica suya, le recordamos con mucho cariño.

Unos años después, Paco nos ayudó a Jorge Sendagorta y a mí en los trámites administrativos para ser admitidos. De ahí surgieron otras muchas vocaciones, que hasta ese momento solo figuraban D. Áureo Fernández-Ávila, Paco y Fernando Bouthelier.

Una vez jubilado, el Museo Naval y la Historia de España se beneficiaron de su conocimiento. Recuerdo como si fuera ayer sus comentarios sobre las maderas del pecio fenicio de Cartagena y donde podíamos encontrar las maderas de higuera para la tablazón.

Paco siempre fue una gran persona y yo diría que por encima de todas sus muchas cualidades.

 

José Esteban Pérez García

Conocí a Paco al llegar yo a Astilleros de Cádiz, donde él ya llevaba algún tiempo ocupado en el montaje de una grúa pórtico en la grada de construcción, de 400 toneladas de capacidad de elevación, entonces la mayor de España y en el astillero que poe aquellos tiempos era el mayor de nuevas construcciones y reparaciones del país.

Nuestra relación fue muy ligera pues trabajábamos en lugares distantes y ocupaciones distintas en el astillero.. Al poco tiempo él cambió de trabajo y dejó el astillero.

Mucho más tarde coincidimos en Madrid, en la UPM Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales, en la que Paco era catedrático de Construcción Naval y yo comencé a dar clase como Profesor Asociado, dentro de su cátedra de la asignatura Construcción Naval I a los alumnos de Tercero de carrera. Paco daba clase de Construcción Naval III a los alumnos de Cuarto Curso.

Paco había escrito unos apuntes para ambas asignaturas que eran un maravilloso compendio, tanto para los alumnos como para los profesores. Nuestra relación fue entonces muy estrecha, y debo decir que a lo largo de mi carrera profesional he conocido a muy pocos, pero pocos, que como Paco fuera tan buen profesional, no sólo en lo que enseñaba, (había sido Director Técnico de la EN Bazán) sino en algo que le apasionaba, que era todo lo que concernía a la historia técnica de la construcción naval, de la que se convirtió en uno de los mayores expertos, probablemente el mejor. Como ingeniero era admirado y respetado no sólo es España, sino en otros países, Esto le permitió estar dos años, en épocas separadas en el MIT, EEUU. 

Siempre echaba una mano cuando yo tenía que ausentarme por viajes  generalmente a Bruselas debido a mi ocupación principal, y periódicamente compartíamos almuerzo para hablar de todo con José-María Valero, que también daba clase en la Cátedra de Paco.

Paco era un hombre tranquilo, especialmente diestro en la separación del grano de la paja, tanto en lo que se refería a su trabajo, como a las vicisitudes que se Vivian en la Escuela y que en muchos casos poco tenían que ver con las disciplinas de la carrera. Él se ocupaba de enseñar y de seguir estudiando, y ambas cosas las hacía de manera superlativa, con la enorme virtud de expulsar todo tipo de estrés.

En resumen, un ingeniero como la copa de un pino,  además de humilde y muy buena persona, con una gran dosis de empatía y de sentido del humor. Pocos meses antes de su fallecimiento y cuando nadie, ni él mismo, sabíamos del mal que le aquejaba, le invité a dar una conferencia en el Instituto de la Ingeniería de España, en una Jornada relativa a la circunnavegación de Magallanes y Elcano y sus barcos,  aceptó encantado, al igual que el IIE por tener a un orador de su categoría. Me comentó tras su conferencia que no se encontraba muy bien, y que pensaba ir al médico. Desafortunadamente fue la última vez que gozamos de su presencia…

 

Antonio Pérez Lucas

Paco Fernández siempre fue Paco. Quiero decir que Paco fue una persona difícil de encasillar en uno de esos estereotipos que tanto gustan. Es como si se hubiera pasado la vida huyendo de ellos.

Conocí a Paco a mediados de los años 70 en la Escuela. Le traté lo justo para aprobar su asignatura. Casi diez años más tarde tuve la suerte de coincidir con él en Bazán. Él era el Jefe del Departamento de Plataforma y yo un ingeniero de la Sección de Estructuras que venía de Ferrol. Trabajamos juntos cuatro años. Paco fue siempre una inspiración para todos los que entonces formábamos el equipo.

Nunca iba por el sendero ya gastado, siempre por los bordes del camino, mirando de lado. Inquieto, casi molesto con la rutina y con la burocracia. Era un anarquista de derechas. Recuerdo que su mejor creación fueron unas sesiones que instituyó los viernes antes de salir de fin de semana. Nos reunía a los ingenieros del Departamento un par de horas en su despacho, en un círculo que dio en llamar ‘Giggio’ y que consistía en olvidarse de lo que habíamos estado haciendo esa semana y provocar el que diéramos rienda suelta a nuestra imaginación creadora dentro, claro está, del terreno profesional. Inventos, iniciativas, locuras muchas veces. Las sesiones las lideraba él y siempre destacaba su brillante imaginación y su valentía a la hora de provocar la nuestra. No recuerdo si surgieron ideas que luego lleváramos a buen puerto, probablemente no, pero sirvió para darnos una lección de cómo hay que ir siempre por la vida, con la cabeza arriba para ver los temas con perspectiva y salir de la caja obsesiva en la que muchas veces se convertía el trabajo. Era la mejor versión pacense de lo que hoy se llama pensar out-of-the-box. Nunca más en mis siguientes 30 años de carrera volví a disfrutar de algo parecido al ‘Giggio’.

Inteligente y trabajador, sí, como tantos, pero sobre todo valiente, imaginativo, provocador, … distinto. ¡¡Cómo se gustaba Paco cuando se veía distinto!!

 

José María Sánchez Carrión

En 1999, después de llevar algunos años escribiendo en la Revista de Ingeniería Naval sobre los ingenieros navales de la Escuela, es cuando por casualidad doy un salto retrospectivo y me sumerjo en el siglo XVIII al estudiar la evolución de los planes de estudio desde la creación de la profesión de ingenieros navales.  Conjugando investigación archivística y textos publicados descubro un sinfín de lagunas, inconcreciones, medias verdades o mentiras sin paliativos que me propuse aclarar, sobre todo después de dos colaboraciones con el Almirante José Cerrolaza, sobre cuándo, quién y por qué el Cuerpo de Ingenieros de Marina.

Mi interés por ese desconocido Cuerpo me llevó a plantear a Francisco Fernández González, al que encontré en su despacho, no muy bien ordenado, pero con esa eterna sonrisa que siempre mantuvo, el desarrollo de una Tesis en el Departamento de Arquitectura y Construcción Navales de la ETSIN sobre “su creación, por qué y cuándo, quiénes lo crearon y quiénes no lo hicieron, cómo se organizaba o cuándo apareció su primera Academia” y debo agradecer a Paco tanto la acogida a mi propuesta, como su posterior dedicación a su desarrollo, asumida la premisa de nuestro interés de las “personas” antes que de los “barcos”.

 

Como doctorando, Paco me brinda la posibilidad de presentar, en 2005, una ponencia en el marco incomparable del “International Congress on Technology of Ships of Trafalgar: An Homage to their designers and constructors”: alemanes, americanos, franceses, holandeses o ingleses y cuatro cinco españolas de las expuestas

Paco fue marcándome las pautas para construir por primera vez, el funcionamiento del Cuerpo de Ingenieros de Marina a través de expedientes personales y analizamos por qué la extinción en 1827 del Cuerpo de Ingenieros marina se inició en el mismo año de su creación en 1770, y sobre todo compartimos la alegría de poner en valor a Francisco Gautier, como constructor y creador de la profesión de Ingeniero Naval y porque estructuró por primera vez un plan de estudios de Ingeniería Naval.

A partir de 2010 Paco me proporcionó la presencia en determinados foros y congresos, participación en libros colectivos o trabajos conjuntos como es el prólogo de libro del 50 aniversario de creación del Colegio.

Gracias Profesor por dejarme en herencia este primer y último trabajo firmado conjuntamente.

Tengo tantas vivencias, correspondencia, recuerdos que soy incapaz de señalar una sobre las demás. Todas eran como Paco, sinceras, desinteresadas y rápidas.

Paco quiero que sepas que he contado con la colaboración de todos los que te han escrito unas líneas y, en particular, de tu hija Rocío, que me ha hecho llegar casi todas tus fotos y en concreto esta que es la última foto tuya en el taller del Museo Naval. Gracias a todos porque me han permitido rendirte este distinto homenaje. Profesor tu doctor nunca te olvidará.

 

Honorio Sierra

Aunque Francisco Fernández González tuvo varias actividades profesionales en el ámbito naval, tanto sobre la técnica actual como la que desarrollaron los técnicos e ingenieros a lo largo de la Historia (en especial durante el siglo XVIII), merece destacarse su dedicación a la enseñanza y a la investigación en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales de Madrid (ETSIN).

Empezó su carrera como profesor en 1973 en el área de Construcción Naval, donde pronto destacó por su capacidad de transmitir a los alumnos, no sólo los conceptos técnicos del programa, sino también su pasión por los barcos, por la rama de la Ingeniería que él había elegido.

En 1980 obtuvo la plaza de Profesor Adjunto numerario de Universidad de la ETSIN en el área, esta vez, de la Teoría del Buque y, cuatro años después, la de Catedrático de Construcción Naval, materia en la que se había iniciado y que ya no abandonaría hasta su jubilación en 2009.

Tuvo también ocasión de ejercer funciones importantes en la gestión de la enseñanza, primero como Director del Departamento de Construcción Naval a partir de 1985, y como parte del equipo de Dirección de la ETSIN al frente de la Subdirección de Investigación y Estudios de Postgrado desde 1999 a 2005.

Cabe también destacar su proyección internacional como miembro de organismos del ámbito naval y de la Ingeniería en general, como fue el caso del International Ship Structures Conference (ISSC) y del Comité Internacional de Filosofía del Proyecto donde dejó constancia, no sólo de sus conocimientos técnicos, sino también de su facilidad para las relaciones personales, imprescindibles para una participación adecuada y de alta representación en este tipo de organismos. Fue también conferenciante y participó en diversos  cursos en distintas universidades europeas y americanas, lo que llevó a cabo con la brillantez que le caracterizaba.

No se pueden finalizar estas pinceladas sobre su actividad universitaria sin hacer referencia a una de sus iniciativas de mayor eco nacional e internacional como fue la organización del  “International Congress on Technology of Ships of Trafalgar: An homage on their designers and constructors” , que se celebró en la ETSIN y en Cádiz en el año 2005 con motivo del segundo centenario de la Batalla de Trafalgar. Esta iniciativa estuvo a caballo de su actividad como profesor de la Escuela y, principalmente, por su inquietud investigadora sobre la Historia de la Construcción Naval que se tradujo en diversos libros y artículos técnico-históricos. En aquellas jornadas se presentaron y fueron debatidos interesantísimos trabajos de autores nacionales y de diversos países europeos y americanos, trabajos que fueron recopilados en una publicación de la ETSIN titulada “TECHNOLOGY OF THE SHIPS OF TRAFALGAR: Proceedings of an International Congress held at the Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales, Madrid, and the Diputación Provincial de Cádiz, November, 2005”. De esta publicación fueron autores Francisco Fernández González, Larrie D. Ferreiro y Horst Nowacky.

 

Jesús Valle

Paco fue, para los que fuimos sus alumnos, un soplo de aire en medio de las matemáticas y la física. Nos hablaba de barcos, con pasión y conocimiento. Pieza a pieza, sistema a sistema. Bulárcama, que bonita palabra, decía. Todo un compendio de vocabulario e historia navales condensados en un curso. Era un profesor vocacional.

Tuve la suerte de colaborar con él como becario, desde 1988 a 1991, y nunca dejó de ayudarme y enseñarme. Siempre le estaré agradecido por su confianza. Desde aquella beca del Esprit Neutrabas 2010, hasta la Nao Victoria que estábamos modelizando en la actualidad, nunca hemos dejado de tener proyectos en común. Siempre he considerado a Paco un gran amigo.

Tengo muchos buenos recuerdos de Paco. Muchos viajes, proyectos, tesis doctorales, clases, .... Pero me quedo con la visita que hice con él al buque HMS Victory en Portsmouth. Un lujo de explicación, midiendo elementos con las manos y el antebrazo, como antaño. Una experiencia inolvidable, como él.

 

 

Javier Vicedo

Hablar del Doctor Ingeniero Naval y Catedrático D. Francisco Fernández González, es al menos para mí, una de esas coincidencias que de tanto en tanto te regala la vida. Digo coincidencias porque en los tiempos que tuve el honor de conocerlo andaba yo liado con un asunto sobre el que Paco también trabajada. Hablo del exvoto de Utrera. Vetusto modelo y hasta falto de gracia que se exhibe o más bien diría duerme en un rincón de la Sala de los Austrias del meritado Museo Naval de Madrid.

Fue esa la razón por la que mantuvimos hacia 1990 poco más o menos, diversas conversaciones en las que a pesar de sus muchas obligaciones como Profesor de la E.T.S.I.N., siempre tuvo un hueco con el que atender con exquisita amabilidad mis muchas demandas hacia este referido modelo. Se sucedieron multitud de llamadas, intercambio de correos, cuando éstos eran los de sobre y sello, y visto mi interés en estos asuntos, tuvo la deferencia en enviarme copia de sus artículos, incluso cuando aún no habían visto la luz en forma de trabajos publicados.

Su figura profesional, siempre suscitó un inusitado interés en mí. El que un Ingeniero Naval en las postrimerías del siglo XX abordase asuntos tan lejanos en el tiempo, fue y es de facto poco corriente, diría que era casi una rareza que nuestro homenajeado supo llevar hasta la excelencia. Con él, el decimonónico y ya en desuso término «Arqueología Naval», tomó carta de identidad, concentrándose en la polivalencia de sus muchos proyectos el enfoque no solo del Ingeniero, sino también el del Arqueólogo, el Historiador y el Modelista Naval, rama ésta tan descuidada en el entorno académico y que poco a poco fue introduciendo como herramienta de base con la que dar cumplida respuesta a sus trabajos. Con él, colaboraron muchos artesanos de este noble oficio, amigos todos míos y que me permitirán nombrarlos: Jesús María Perona Lerchundi, con la Capitana Real, monumental proyecto sobre el que trabajó a partir del manuscrito de José Antonio de Gaztañeta Iturribalzaga, hoy en el MNM. Javier Escudero Cuervas-Mons, con el llamado «proto-galeón de Indias», de la Expo de Sevilla. Miguel Godoy Sánchez, Modelista y Restaurador del Museo Naval de Madrid, con el estudio y reconstitución de la fragata de Estado La Mercedes, la cual ha recorrido multitud de Museos dentro y fuera de nuestro país. A buen seguro muchos otros colaborarían con D. Francisco, pero sirvan los nombrados como muestra del enfoque de sus muchos proyectos e investigaciones de la historiografía naval española de los últimos treinta años.

Congresos, Jornadas, charlas entorno a la construcción naval española, supusieron un punto y seguido a temas tan dispersos en el tiempo, como lo fueran el barco probablemente fenicio de Mazarrón, hacia el siglo VII a.C., respecto a los anteriormente indicados, y cómo no, el Congreso Primus circumdedisti me, y su nuevo enfoque sobre la Nao Victoria de Elcano. Momento éste en el que tuvimos la ocasión última de recibir su magisterio.

Ahora queda el vacío difícilmente reemplazable de su figura y de su obra, y también de su generosidad, al menos con quién suscribe estas líneas scriptas in honorem a D. Francisco Fernández González, extensibles a su esposa, hijas y familia.

Descanse en Paz.

 

Sant Cugat, 14 de Noviembre de 2018

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