Uno de los problemas que hubo que resolver entre los académicos y nuestros ilustrados tenientes de navío fue la adopción de la unidad de medida en la que se entregarían los resultados. Los franceses preferían la toesa de París, constante en toda Francia y los españoles, por el contrario, preferían la vara. La dificultad de la elección de la vara[1]  presentaba tres problemas adicionales: a) que su longitud no era constante, b) que dependía del valor del codo[2] y c) que este tenía una longitud diferente, por ejemplo.  La longitud de la vara castellana era de tres codos de Burgos.

 

Para La Condamine esa amalgama de unidades era un síntoma del retraso científico y académico en que se encontraba España y de su incipiente y tímida ilustración. Se acordó por tanto, que se realizarían en dos grupos y que los resultados se darían en toesas de Perú[3], previa construcción de dos nuevas toesas porque entendía que las grandes variaciones de temperaturas extremas, humedad y fuertes vientos desaconsejaban el empleo de la toesa de Chatelet...

Cuando Jorge Juan y Santacilia fue seleccionado en 1735 para participar en la Misión Geodésica de Ecuador, él esperaba que estaría trabajando exclusivamente en las Montañas de los Andes, inspeccionando la tierra y observando las estrellas con el fin de determinar la verdadera figura de la Tierra. Como José María Sánchez Carrión describirá en este sitio, él y su compañero guardiamarina Antonio de Ulloa navegaron desde España, se encontraron con los miembros franceses de la expedición en Cartagena de Indias, y para Junio de 1736 estaban en Quito para comenzar las arduas tareas de las mediciones.

 

El trabajo de la expedición fue interrumpido por el estallido en 1739 de la Guerra del Asiento (War of Jenkin’s Ear), en la cual la armada británica lanzó varios ataques sobre el Virreinato español del Perú, en las costas del Caribe y del Pacífico. Aunque Jorge Juan y Ulloa fueron encargados de ayudar a los científicos franceses, eran también oficiales de la Real Armada y  se les exigía ir a la defensa del reino...

When Jorge Juan y Santicilia was selected in 1735 to participate in the Geodesic Mission to the Equator, he expected that he would be exclusively working in the Andes Mountains, surveying the land and observing the stars in order to determine the true figure of the Earth.  As José María Sanchez Carrión will be describing in this website, he and his fellow guardiamarina Antonio de Ulloa sailed from Spain, met the French members of the expedition in Cartagena de Indias, and by June 1736 were in Quito to begin the arduous tasks of measurements. 

 

The work of the expedition was interrupted by the outbreak in 1739 of La Guerra del Asiento (War of Jenkin’s Ear), in which the British navy launched several attacks on the Spanish Viceroyalty of Peru, on both the Caribbean and Pacific coasts.  Although Jorge Juan and Ulloa were assigned to assist the French scientists, they were also officers of the Real Armada and were required to come to the defense of their realm...

Juan y Ulloa habían llegado a Quito[1]  cuando la Audiencia era presidida desde 1728 por el noble madrileño Dionisio Alsado y Herrera y eran los tiempos en los que la ciudad, caracterizada por su extrema pobreza, se encontaba fraccionada en dos estratos sociales étnicos, donde la desunión y la discordia entre españoles (chapotones) y criollos se reflejaba en todos los estamentos y en el Cabildo en que formaban dos grupos enfrentados.  A partir del 25 diciembre de 1736 con la llegada del nuevo Presidente, el limeño José de Araujo y Rio, se recrudece la agresividad entre los dos grupos.

 

Entre los que apostaban por el nuevo presidente se encontraban el tesorero Garcia Aguado y el fiscal Juan de Balparda...

Si hablásemos como el ecuatoriano Federico González Suárez diríamos que en tiempos de La Colonia, bajo el gobierno de los reyes de España y en la presidencia de Dioniso Alsedo, las provincias de la Audiencia de Quito se encontraban inmersas en una pobreza y miseria casi irremediables. La mayor parte de la propiedad territorial estaba en manos de las comunidades religiosas (principalmente jesuitas) y de propietarios seculares, aunque eran pequeñas comparadas con las de los religiosos. De los cuatrocientos establecimientos que llegó a tener, en 1724 apenas quedaban unos sesenta. De las escasas rentas que se obtenían había que enviar 42.375 pesos a Cartagena y Santa Marta para el sostén de la guarnición militar. Los precios de las casas y establecimientos sufrieron una, diríamos hoy, burbuja inmobiliaria y bajaron su precio más del cincuenta por ciento y aun así no se realizaban operaciones inmobiliarias[1]...

La Condamine y Bouguer tenían intención de ver el eclipse de luna y por esa razón el San Cristóbal el 18 de marzo largó ancla en la desembocadura del río Tumbez, donde quedó fondeada hasta el 20. Los académicos no pudieron observar el eclipse como tampoco pudieron en Puná.

 

Después de este segundo intento, el San Cristóbal continuó la travesía hasta fondear en el Puerto del Caracol el 26 de marzo por la noche. Allí quedó hasta el 11 de mayo y, aunque el tráfico estaba suspendido a causa del mal tiempo para subir la Cordillera, aprovecharon para desembarcar los equipajes y poderlos reubicar para poderse transportar en mulas...

Una vez que José Mendoza y Sotomayor, marqués de Villagarcía, de Monroy y Cusano, llegó a Cádiz[1] embarcó en una expedición fondeada en Rota que levó anclas el 28 de mayo de 1736 y lo hizo con destino final en Lima. En ella viajaban con destino final en Cartagena de Indias.

 

Juan en el navío Conquistador (llevando en su faldiquera 1.500 pesos prestados por tío Cipriano Juan, a través de una deuda al Cónsul de la Orden en Cádiz, Luis Rovín) junto al Virrey y al Obispo de Popayán; y Ulloa en la fragata Incendio y, aunque llevaban instrumentos, no eran todos los necesarios, ya que faltaba un envío que tendría que haber llegado de Francia...

Obviamos contar la evolución de las teorías sobre la forma de la tierra, desde  el planteamiento filosófico de Pitágoras a Newton en su Principia Mathematica[1] a las teorías de Descartes,  ni las mediciones de Jean Ritcher que en 1672 demostró que la distancia entre los meridianos cambiaba con la latitud, ni por supuesto, las discusiones que estos planteamientos produjeron hasta que los miembros de la Academie de Sciencie[2] de París decidieron, en diciembre de 1733, realizar dos expediciones geodésicas, una al Polo Norte (lo más cercano al polo) y la otra al Ecuador (Perú). Esta última se le conoce como “Expedición hispano francesa” y en la actual República del Ecuador llaman “Expedición de los Académicos franceses al Perú”[3]...

La vida de Jorge Juan marino y docente estuvo muy ligada a la academia de guardiamarinas, a la que llegó con dieciséis años con una “personalidad forjada, una formación exhaustiva y cierta experiencia de navegación”. Llega decidido a incorporarse a la armada para la que, al parecer, se estaba preparando desde los seis años.

 

Sobre sus conocimientos adquiridos en Malta he localizado tres referencias[1] de comentarios que Ulloa, pone en boca de Jorge Juan, posiblemente,  por no explicarse en la Academia de Guardiamarinas. En la primera explica cómo son las maderas de las balsas que ven en América[2]:

don Jorge Juan la ha visto en Malta, donde se cria, y no ha encontrado más diferencia entre ella, y la Balza o Pulcro, que el ser la “caña beja” (llamada también por los malteses “férula) mucho menos que aquel”...

Nos detendremos para analizar las razones de la creación de la Academia de guardiamarinas y las razones que hicieron en 1717 concebir una escuela de cadetes hijosdalgo con el fin de que:

 “una Compañía de juventud ilustre en mis reinos con el nombre de Guardias Marinas, y para su educación y enseñanza una Academia donde pudieran aprender las ciencias y las facultades matemáticas, (..) náutica, maniobra (..) y de la construcción naval, poniéndoles maestros capaces para su logro”[1] .

 

El penoso estado en el que se encontraba la marina española a finales del XVII impulsa con la nueva dinastía una profunda transformación...

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