Jorge Juan y los Arsenales (3). Intervención de Jorge Juan en la Carraca - I. Construcción del arsenal

BLOG - 16-04-2020

Jorge Juan y los Arsenales (3). Intervención de Jorge Juan en la Carraca - I. Construcción del arsenal

José María Sánchez Carrión

Dr. Ingeniero Naval

Socio de Honor de la Asociación y del Colegio de Ingenieros Navales

Académico de número de la Real Academia de la Mar

Presidente de la Fundación ingeniero Jorge Juan


 

Este post ha sido preparado por el Dr. José Quintero González que amablemente aceptó mi ofrecimiento de que participara en el blog.

 

José Quintero González, natural de Cartaya (Huelva) y adoptado por San Fernando desde hace cuarenta años. Doctor en Historia por la UNED, con Premio Extraordinario de Doctorado, curso 2002-2003. Es Académico numerario de la Real Academia de San Romualdo de Ciencias, Artes y Letras. Su línea principal de investigación gira en torno a la Armada, la economía marítima y, el arsenal de La Carraca. Entre sus publicaciones pueden citarse: El Arsenal de La Carraca. 1717-1736. Ministerio de Defensa, 2000; Jarcias y lonas. La renovación de la Armada en la bahía de Cádiz, 1717-1777. Cádiz, 2003; La Carraca, el primer arsenal ilustrado español, 1717-1776. Ministerio de Defensa, 2004. Por este libro obtuvo el Premio “Del Mar”, en los premios Virgen del Carmen, 2002 convocado por La Armada Española; junto a Marina Alfonso Mola y Carlos Martínez Shaw es editor literario de: La economía Marítima en España y las Indias (16 Estudios). San Fernando, 2015; es Coordinador de El Nacimiento de la Libertad en la Península Ibérica y Latinoamérica. Actas del XVI Congreso Internacional de AHILA. San Fernando, 2014. Colaborador habitual de las revistas Historia Naval y Andalucía en la Historia. Es autor de numerosos artículos sobre diferentes aspectos del Arsenal de La Carraca, además de otros relacionados con Jorge Juan, Antonio de Ulloa, las Cortes de la Real Isla de León y con la educación y las Ciencias Sociales. Ha impartido conferencias en Madrid, Sevilla, París Alicante, Ferrol… Ha sido miembro investigador en los proyectos de investigación I+D+I, convocados por el Ministerio de Industria: El comercio atlántico español, 1725-1830 (Investigador principal: Dr. Carlos Martínez Shaw, Catedrático de Hª Moderna por la UNED); y el proyecto Excelencia de la Consejería de Educación: La Real Armada, 1720-1820, de carácter internacional (Investigador principal: Dr. Juan Marchena, Catedrático de Hª de América por la Universidad Pablo de Olavide). Esta investigación ha dado lugar a Vientos de Guerra, apogeo y crisis de la Real Armada, 1750-1823 (José Quintero trata el Arsenal de La Carraca en el tomo 3).

 

1. Construcción del Arsenal.

A estas alturas, no vamos a descubrir la capacitación científica de Jorge Juan, como tampoco se pretende descubrir a José Patiño, creador de la Armada Moderna, ni que la Ilustración en España se inició con la Monarquía de Felipe V y se caracteriza, entre otros aspectos, por promover un cambio social gradual, el desarrollo económico y un progreso generalizado. Se intentará contextualizar el impulso dado por el Marqués de la Ensenada al Arsenal de la Carraca que fue importante, pero un impulso al Arsenal proyectado e iniciado por el político milanés y cómo, de ninguna manera puede considerarse que fue creado por Ensenada. Es más, tres personajes claves en la recuperación ensenadista, Jorge Juan[1], Julián de Arriaga[2] y el propio Marqués de la Ensenada[3], fueron, en gran medida, descubiertos y promocionados por Patiño. En similar situación podría citarse al Marqués de la Victoria y a Cipriano Autrán, aunque en estos casos median circunstancias muy diferentes. Finalmente, se concretará la aportación de Jorge Juan al arsenal de La Carraca. Para ofrecer un tratamiento más explícito, este trabajo se ha desglosado en dos entregas al Blog: la primera afronta el Plano y Proyecto del Arsenal de la Carraca de Jorge Juan y el ingeniero José Barnola, presentado en 1753, y el alcance de su aportación a la construcción del Arsenal; la segunda abordará el protagonismo de Jorge Juan en la construcción naval carraqueña.   

 

2. La creación del Real Arsenal de La Carraca.

Se considera interesante partir del concepto de arsenal moderno o arsenal ilustrado con el fin de ubicar adecuadamente la exposición. Para ello, se recurre a José Patricio Merino Navarro, que lo define como un “conjunto de edificios así en tierra como en el agua propios para la construcción y carenas de bajeles, para su mejor conservación y resguardo, igualmente que de cuantos pertrechos, municiones, materiales y géneros se necesitan para los mismos buques y demás fines del servicio de la Armada”[4]. Es decir, una base naval integral. Pero el Arsenal era más. Como sostiene Carlos Martínez Shaw, “La intervención más directa en el ámbito industrial fue la fundación de empresas estatales… Así, en el ramo militar la Corona creó arsenales reales en El Ferrol, Cartagena y La Carraca…”[5]. En consecuencia, alcanza otra dimensión, anudada directamente con la política económica general de la Monarquía, con el conocido como Reformismo Borbónico o Reformismo Ilustrado.

 

Definido el tipo de arsenal, se abordará el nacimiento del Arsenal de La Carraca. A pesar de la escasez y dispersión documental tan inherente a la base naval, puede afirmarse que tiene una fecha concreta: el 1 de junio de 1717[6]. Esta datación viene constatada por diferentes documentos conservados en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, como el testamento de Esteban Felipe Fanales, Guarda Almacén General encargado de las obras carraqueñas, o los contratos para la extracción y conducción de la piedra necesaria para la construcción de La Carraca. También el Archivo General de Simancas custodia documentos vinculados a la familia Ricardos, titulares de la finca de La Isla de León desde donde se aprovisionaba de agua a La Carraca y se utilizaban determinadas construcciones para servicio del Arsenal desde junio de 1717.

 

Por otra parte, una amplia normativa emitida por José Patiño entre 1720 y 1721 pone de manifiesto los trabajos que se realizan: “Las Reglas de 15 de diciembre de 1720 para los trabajos de carena y otros en el Puente de Suazo y La Carraca”; la “Orden de 1 de enero de 1721 para el desarmo de las embarcaciones”; “Diferentes reglas que han de ejecutar en los Reales Sitios del Puente y Carraca y para instrucción de las personas que residan en ellos, las cuales deben tener fuerza de ordenanzas…” de 1 de julio de 1721, etc.

 

El profesor Calderón Quijano fechó en 1720, la redacción del “Plano del Proyecto General del Real Arsenal de La Carraca…”[7]. Como el propio ingeniero Ignacio Salas reconoce: “El plano del Proyecto General que se hizo en tiempos de José Patiño, después de varias sesiones, consultas y dictámenes para la distribución de un completo arsenal de marina en el sitio de La Carraca, repartiendo y colocando los edificios en el lugar que parecía más conveniente a las faenas de Marina…”[8]. Diseña una base naval integral con tres áreas muy ordenadas. Se trata de una ciudad industrial, un Arsenal Moderno. Hasta que el Arsenal alcance una cierta madurez constructiva que le permita acaparar todos los servicios, Patiño utilizará edificaciones provisionales en el propio suelo carraqueño y recurrirá a las modestas instalaciones existentes en la Bahía de Cádiz (El Puntal, Carenero del Puente Suazo, Casería de Ricardos…), aunque siempre con predominio de La Carraca.

 

Fruto de esta política, en 1729 tuvo lugar la botadura del navío Hércules, de 60 cañones, en presencia de Felipe V. Se inauguraba así la “Construcción compartida”, botándose el barco en rosca en el astillero de El Puntal y concluyéndose en La Carraca, como también sucedió con el Real Familia (1731), gemelo del anterior, y la fragata de 50 cañones La Galga (1732). Los treinta supondrán para el Arsenal un notable impulso. Primero, por el destino del constructor naval Ciprián Autrán a La Carraca en 1732, después de realizar una extraordinaria labor en Guarnizo, lo que escenifica con rotundidad las pretensiones de Patiño para el Arsenal. Segundo, por la determinación del propio Intendente General para construir en suelo carraqueño unas gradas provisionales en las que se labraron dos bombardas, Brontes y Piracmón (1734), dos fragatas, El Águila (1737) y La Aurora (1738) y posteriormente, otras dos bombardas gemelas a las anteriores. Tercero porque, aun con lentitud, las obras aparecen más sistematizadas, como se observa en la importante serie de planos dibujados periódicamente por José Barnola, ingeniero destinado en el Arsenal. Y cuarto, porque el Arsenal cumplía sus funciones: aprontar los barcos para las comunicaciones con América, armarlos para la guerra (intervención en Italia tras Utrecht, Guerra del Asiento…), controlar los bosques andaluces, mantener las embarcaciones, etc. Como sostenía el ingeniero redactor del Proyecto General, Ignacio Salas, cubría todas las necesidades de la Marina. En definitiva, el Arsenal de La Carraca estaba diseñado según cánones ilustrados, existía, era operativo y, a pesar de la lentitud de las obras, cumplía sus funciones.

 

3. El impulso del Marqués de la Ensenada.

Entonces, ¿por qué se continúa transmitiendo que fue creado mediante la R.O. de Fernando VI de 3 de octubre de 1752? La respuesta es: “consecuencia de la Política de Ensenada”. En su gestión durante el Almirantazgo fue diseñando el impulso a la Armada con el objetivo de estar a la altura de Inglaterra, incluso de “derrotarla”. Debió esperar hasta la Paz de Aquisgrán para desarrollar su conocida política de “neutralidad activa”. Ahora, el hombre que sostenía “me he criado en la Marina, mi mundo es la Marina”[9], se encontraba en disposición de impulsar definitivamente a la Armada Ilustrada. Primero se ganó la plena confianza de Fernando VI, que en 1746 había sucedido a su padre Felipe V, y de su esposa. Después presentó su política como creadora, como un nuevo plan integral, asumiendo todo el protagonismo en el proyecto de la Nueva Armada. Además, se rodeó de “descubrimientos/colaboradores” de Patiño, especialmente de Jorge Juan, al que conoció a través del teniente general José Pizarro, tras llegar encumbrado por la Academia de París, y de Julián de Arriaga, su hombre de confianza en Cádiz, persona prudente y retraída, miembro muy activo y eficaz del Cuerpo General, que había prestado importantes servicios a la Monarquía. En 1751 pasó a la intendencia de Marina. Las relaciones de Jorge Juan y Julián de Arriaga, ambos de la Orden de San Juan de Malta, nunca fueron excesivamente cordiales, quizás por las concepciones diferentes que ambos tenían de la vida: el primero, altivo, de carácter difícil y encargado de los aspectos científicos, técnicos y constructivos de la política naval ensenadista; el segundo, bastante más contenido y reservado, era de alguna manera el responsable del uso del poder naval[10]. Las relaciones, no obstante, fueron enfriándose paulatinamente entre ambos, primero por la actitud prepotente del marino alicantino con Autrán (que acumulaba una importantísima y reconocida hoja de servicios a la Monarquía, en especial en la construcción naval) y, principalmente, tras la destitución de Ensenada, pues Arriaga aceptó sustituirlo en la Secretaría de Marina.

 

Centrándonos en las obras de La Carraca, a finales de los cuarenta se vive una gran agitación en el Arsenal: órdenes para un acúmulo extraordinario de maderas, construcción de nuevas gradas, revisión del proyecto general… En este ambiente extremadamente dinámico, el viaje de Jorge Juan a Londres comenzó a ser productivo. Muy pronto en el navío inglés La Galera de Cádiz enviará, a través de Ricardo Wall, tres cajas con otras tantas maquetas: un dique para carenar en seco, una grúa y un horno[11]. Los modelos se trasladaron a La Carraca para su estudio.

 

El dique, a imitación del existente en Deptford (próximo a Londres), respondía a la escala ¼ de pulgada/12 pulgadas (es decir 1/48). Las medidas del modelo, todas en cuartos de pulgadas, eran: Eslora, 197; la puerta 38 de ancho por 20 de alto; manga en la parte superior central, 55 ½; y puntal, 15. El diseño contemplaba la posibilidad de construir el dique tanto en madera como en cal y cantos (esta opción más cara pero también mucho más duradera). Finalmente, el modelo se acompañaba de unas instrucciones ensalzando las ventajas de estos diques en cuanto a rapidez y economía en el mantenimiento de las embarcaciones, estimando un ahorro anual del 40% respecto a las técnicas tradicionales. Propone construirlo en El Puntal o en el Real Carenero del Puente de Suazo, restando importancia al reducido movimiento mareal en la Bahía.

 

La respuesta de Autrán[12] sostenía que la amplitud de la marea en la Bahía era insuficiente para la obra del dique, ya que los navíos de 60 cañones nuevos calaban 9 codos, pero quebrantados hasta 11; los de 70 cañones calaban hasta 12 codos y los de 80 hasta 12 ½ codos. A estas magnitudes habría que sumar 4 codos para la cimentación del dique y otros 3 codos para los picaderos. En definitiva, se necesitan 19 codos. Como la marea más viva sólo sube 6 ½ codos, habría que excavar 12 ½ codos por debajo de la bajamar. Autrán informa que ha realizado una prueba en el espacio destinado a los diques, no pudiendo llegar a los 6 codos por la cantidad de agua encontrada, considerando que por muchas bombas que se utilizaran, no podrían abastecer a toda la excavación y, si se lograse, aún quedarían dentro del dique 9 codos de agua que sacar con las bombas. Por el contrario, sí considera útil el dique en los terrenos firmes, como por ejemplo El Ferrol.

 

El segundo modelo era una grúa de “nueva invención”, similar también a una existente en Deptford, considerada muy útil para mover en los muelles pesos de hasta 20 toneladas, con la particularidad de que sólo un hombre en cada rueda podía levantar entre 20 y 30 quintales. Disponía, además, de una cubierta que protegía de las inclemencias del tiempo a los trabajadores y a los accesorios de la grúa. Este modelo sí mereció la aprobación de Autrán, aunque consideró que en lugares poco lluviosos podía prescindirse del cobertizo para los hombres que trabajaban en las ruedas.

 

La tercera y última maqueta era un horno u hornaza (calera según los ingleses) para ablandar, enderezar o doblar maderas mediante el agua en lugar del fuego, recurso utilizado tradicionalmente, que presentaba el inconveniente de inutilizar mucha madera ya fuera por quemarse o por resquebrajarse. Autrán consideró que era muy útil para maderas de hasta 6 pulgadas de grosor, a partir del cual se incrementaban notoriamente las dificultades para obtener las curvaturas pretendidas.

 

Como se ha podido observar, Autrán no mostró entusiasmo por los ingenios, aunque justificando siempre su decisión, y devolvió los cajones. Ajeno a esta circunstancia, Jorge Juan, continuaba enviando nuevos informes relativos a un barco para limpiar fondos de los puertos, una máquina para blanquear cera y una máquina de fuego para achicar agua en grandes cantidades. Cuando el marino de Novelda recibió los informes de Autrán, respondió con cierto desprecio, con la suficiencia de quien se sabe en posesión de la confianza de Ensenada para liderar un importante proyecto naval. El 22 de abril remitió un escrito al Marqués que no deja lugar a dudas: «Amigo y señor: devuelvo a V.M. la carta de... con la explicación de diques, grúa y horno para calentar y doblar las tablas. El inglés que hizo la explicación parece que no entendía mucho del oficio. Y Don Ciprián de Autrán tiene razón en decir que para carenar sus navíos, y más aún a su modo, se necesitan diques más profundos, pero gracias a Dios que no se harán ni carenarán a su modo... Es de parecer que en Cádiz no podemos hacer diques, pero yendo allá lo veremos. De todo esto se concluye que estos papeles tendrán poca utilidad, y que todo lo compondremos cuando vaya yo a Cádiz...»[13]. Se trata, en consecuencia, de un informe duro, irónico, que no admite discrepancias. Jorge Juan se siente con poder e ignora el prestigio y autoridad de Autrán, capitán de maestranza en La Carraca y Director de la construcción naval de España.

 

La cuestión de las maquetas pone de manifiesto las considerables divergencias entre Autrán y Jorge Juan. Este desencuentro no ha hecho más que comenzar. Efectivamente, en el marco del impulso a los arsenales, Cipriano Autrán elabora en 1750 un Proyecto General[14] que recogía las edificaciones existentes y ampliaba y matizaba el de Ignacio Salas/José Patiño. Mantenía la organización en tres sectores y los usos, pero con un diseño que buscaba una proyección en profundidad -abría la Plaza de Armas-, preveía cuatro gradas para la construcción de embarcaciones y dotaba al espacio de varias arboledas que contribuían a delimitar áreas y acentuar la proyección. Quizás lo más novedoso fuera la construcción de un muelle en la orilla con Isla Verde, frente al muelle principal del Arsenal, a la que se destinaba a depósito de anclas y lastre y donde se proyectaba una cocina para servicio de las embarcaciones desarmadas. Otro aspecto original era la propuesta de un relleno en la zona Sur con el fin de hacerla más regular y ganar terreno para el trabajo de la jarcia. También proponía cegar el “caño que va a Puerto Real” así como otros caños más pequeños, para evitar el depósito de fangos en el caño Principal y evitar el paso de embarcaciones por motivos de seguridad. En cuanto al presupuesto necesario para acometer el Proyecto, ascendía a 8.550.402 ½ reales de vellón, además de otros 295.500 rr. vn. para reconstruir las 300 varas del muelle principal que en 1737 había sufrido un importante hundimiento.

 

En marzo de 1750 el capitán de la maestranza carraqueña remitió el proyecto a Alonso Pérez Delgado, tenaz ensenadista, que entendía perfectamente el renovado proyecto naval y con el que Juan nunca se llevó bien, quizás porque Alonso Pérez Delgado discrepaba del cambio de modelo constructivo[15]. El 28 de abril el Marqués de la Ensenada envió el plan de Autrán al Director General de la Armada, Juan José Navarro y Búfalo, I Marqués de la Victoria, con los encargos de visitar La Carraca e informar del Proyecto. Para entonces Autrán había introducido unos ligeros cambios, como reducir a dieciocho las naves de arboladura, que fueron aceptados por Juan José Navarro con la propuesta de construir, con el ahorro anterior, un tinglado en la plaza de la construcción naval para protección de los operarios en caso de lluvia u otras inclemencias[16]. Pero el Proyecto de Autrán no llegó a materializarse (como también le ocurrió en el de Cartagena). Aunque las obras carraqueñas continuaron (algunas según proponía Autrán), no se tiene más constancia documental del Proyecto hasta 1752[17] cuando el intendente Juan Gerbaut trata de conseguir infructuosamente una copia del mismo. Como aclaró Ciprián Autrán, lo tenía Jorge Juan. En todo caso, la respuesta de la Corte al intendente Gerbaut omitía cualquier alusión al mencionado plano y ordenaba la paralización de todas las obras y proyectos excepto los diques para las maderas, la herrería, la valla para cerrar la Plaza de la construcción, el muelle caído y una casa para los constructores. El resto debería esperar hasta la llegada de Jorge Juan, que en primavera visitaría el Arsenal acompañado por José Barnola con los objetivos de inspeccionar los trabajos y proyectar determinadas edificaciones. De momento, la advertencia lanzada por el sabio alicantino desde Londres se estaba haciendo realidad: el Proyecto de Autrán quedaba paralizado.

 

Tras la visita, Jorge Juan emitió un informe negativo respecto a determinadas cimentaciones (tinglado para arboladuras y diques para las maderas), que culminó adjudicándosele la elaboración, junto a José Barnola, de un nuevo Proyecto[18], presentado en enero de 1753[19]. Este Plan lo justificaban sus autores en las obras y edificios que se les había encargado, y presentaron un presupuesto de 78.735.990 rr.vn. Aunque el Rey aprobó el Proyecto y el presupuesto, sólo se materializó una pequeña parte del mismo, como se verá más adelante. Sin duda, la intervención más novedosa se dirigía a la Plaza de la Construcción, incrementando hasta nueve las gradas de construcción de embarcaciones y diseñando dos diques de carenar en seco (que ya figuraban en el Primer Proyecto General).

 

4. ¿Qué se construyó realmente del proyecto Jorge Juan/Barnola?

Es muy elocuente el informe de Juan Gerbaut, en respuesta a la orden de Julián de Arriaga solicitándole un plano del Arsenal que recogiera los edificios construidos y las obras proyectadas, así como la finalidad de las mismas[20]. El intendente carraqueño comienza su escrito advirtiendo que el Plano requerido tardará un tiempo en realizarse, por lo que ha decidido informarle previamente.

 

Gerbaut expone que, tras la aprobación del Proyecto redactado por Jorge Juan y José Barnola, se le comunicó emprender sólo las obras de las naves de arboladura, que están concluidas; terminar la reconstrucción del muelle caído, que se encuentra casi ultimada; y construir el dique de carenar en seco (incluso se pidieron a Cartagena 24 bombas de cadena para achicar los diques[21]) cuyas obras debieron pararse por atender a otras urgencias, por el fallecimiento del ingeniero director de las obras José Barnola (ocurrió después de abandonadas las obras del dique) y por las “dudas que ofreció la práctica de este edificio”.

 

Posteriormente relaciona y justifica las obras realizadas, reconociendo con claridad que no se ajustan al Proyecto, pero resultaban muy importantes para el Arsenal:

- El nuevo Hospital provisional, porque la enfermería de madera además de obsoleta, se inundaba hasta la mitad de las piernas de los enfermos.   

- La nueva herrería, porque la antigua de madera amenazaba con caerse y representaba un grave riesgo de incendio.

- El nuevo rancho de carpinteros para sustituir al antiguo (de más de treinta años), de madera y en ruinas, agravado por su ubicación junto al varadero por lo que un incendio sería terrible.

- El nuevo pabellón de oficiales de tropa, para sustituir al antiguo de madera que estaba cayéndose.

- Levantamiento de más de una vara del piso y techos de los tres cuerpos de almacenes y sus respectivos sollados, porque el agua perjudicaba y/o inutilizaba los pertrechos.

- Levantamiento de una vara del alto del muelle principal, porque en las mareas vivas el agua inundaba medio Arsenal.

- Los aljibes de alquitrán, brea y betunes, junto al depósito provisional de agua para urgencias, se habían ubicado en el denominado cuarto grupo de almacenes, que no estaba completamente terminado.

- El cuartel para la tropa, porque ésta continuaba alojándose en un almacén de artillería que debía devolverse al ramo y, además, requería grandes obras. La capacidad del cuartel se cifraba en algo más de un batallón y la correspondiente brigada de artillería. Se encontraba con los cimientos terminados y comenzados los paramentos verticales.

- Dos oficinas, una a cada lado de la puerta del Mar, con destino a Contaduría y despacho del capitán de la maestranza. Además, se libera el espacio que la primera ocupaba en una de las tenedurías.

- Levantamiento del piso de todo el Arsenal hasta el nivel alcanzado en el muelle.

- La nueva Armería, capaz de recoger el armamento de cincuenta navíos de línea. Hasta el momento se carecía de ella.

- Finalización del dique para las maderas.

- Reparación del dique de arboladuras.

- Limpieza de los fondos de los caños, logrando más calado y amplitud y, por lo tanto, mayor capacidad de fondeos.

- Remodelado de dos almacenes de Teneduría donde los pertrechos quedan ahora perfectamente ordenados.

 

Vuelve a insistir Gerbaut en el abandono del proyecto elaborado por Jorge Juan y Barnola, afirmando que sólo la reedificación de la porción de muelle caído y la conclusión de las naves de arboladura se ajustan exactamente al mismo. La justificación para todo ello es muy contundente: urgencias y presupuesto. Las obras realizadas eran apremiantes ya fuera por el estado ruinoso de las antiguas, o por la insignificante asignación económica para desarrollar las contempladas en el proyecto. Respecto a las edificaciones antiguas sustituidas, eran las provisionales de madera, se encontraban en estado ruinoso, representaban un alto riesgo de derrumbe y de incendio y, en consecuencia, una grave amenaza para las personas, el propio Arsenal y los barcos. Otras obras, como la elevación del nivel del suelo del Arsenal, eran necesarias por los importantes inconvenientes que se venían padeciendo en la conservación de los pertrechos y el bienestar de las personas.

 

El segundo aspecto de la justificación, los presupuestos, sostenía que la consignación era de 15.000 escudos mensuales, cantidad absolutamente insuficiente para un plan que tenía un presupuesto de 5.249.066 pesos de a 15 rr.vn. A pesar de la insuficiente consignación, demostraba, aportando un informe del Ramo de Consignación fechado el 14 de noviembre de 1759, que se habían consumido 4.230.946 reales y 17 maravedíes, resultando un remanente de 4.469.053 reales y 17 maravedíes. Sin embargo, sólo quedaban 2.520.909 reales y 12 maravedíes por resulta de todos los ramos de Departamentos y Arsenales, incluso el ingreso particular y los víveres para América. En conclusión, la remesa destinada al Proyecto se utilizó para atender otras obligaciones.

 

Todo lo expuesto lleva a Gerbaut a considerar que el Rey debería estar satisfecho por haber conseguido un Arsenal con tan poco dinero. Además, el intendente expone una serie de obras con las que el Arsenal quedaría completo en todas sus prioridades: continuar limpiando los fondos de los caños, concluir el Cuartel, construir la cordelería, el presidio, viviendas de fábrica para los trabajadores en sustitución de las provisiones de madera, construir uno o dos ranchos para los calafates y demás maestranza, similares al de los carpinteros, atender las urgencias y, finalmente, acometer las obras para el abastecimiento del agua al Arsenal. Concluye Gerbaut que con esto, La Carraca quedaría muy completa “y sin el fuerte [y] desorbitante gasto que se ha tocado en los demás departamentos”[22].

 

En definitiva, el Proyecto de Jorge Juan-José Barnola sólo se llevó a la práctica de manera casi tangencial. En gran medida, las obras realizadas durante el periodo responden al Proyecto de Ignacio Salas-José Patiño y a lo que podría considerarse fruto del pragmatismo, de las necesidades, aunque manteniendo el orden. El futuro inmediato y medio de la evolución de las obras carraqueñas confirmó las sugerencias de Gerbaut, quien no parece que sufriera sanción por haberse apartado tan ostensiblemente del proyecto aprobado por el Rey, quizás, porque su justificación era plenamente asumida por Julián de Arriaga con el que mantenía buenas relaciones.

 

En cuanto a Jorge Juan, se le continuó pidiendo su parecer en las obras más importantes acometidas en La Carraca. Así, se le envió el proyecto de Cuatro Torres, redactado de urgencia tras el conato de sublevación de los presidiarios el 29 de mayo de 1763. El plan es atribuido por José R. Barros Caneda al maestro de arquitectura civil Juan Cebada[23]. El presupuesto, sin embargo, está firmado por Autrán. El proyecto fue informado favorablemente por Jorge Juan, con las únicas apreciaciones de extremar los cuidados en la cimentación y modificar la cocina, pues la inmediatez de los fogones a las paredes perimetrales de la instalación suponía un peligro. También se le consultó el proyecto de Mateo Mullan en 1763 para construir el dique de carenar en seco en el Arsenal. En realidad se basaba en otro del mismo autor presentado en 1757 que fue valorado por una Junta compuesta, entre otros, por Jorge Juan y Autrán, que realizó una serie de propuestas, pero el plan quedó en suspenso por los problemas surgidos en el dique de Cartagena. A pesar de que el renovado proyecto de Mullan asumía la mayoría de las propuestas de la Junta, se le pidió informe a Jorge Juan, que fue muy crítico, dudando incluso de la capacidad de Mullan para elaborar el proyecto, señalando que el presupuesto era irreal, pues sólo las doce bombas y la Casa para instalarlas requerían entre la mitad y un tercio del presupuesto total presentado por Mullan. Finalmente, le aconsejaba buscarse asesores adecuados. El dique se construyó en la década de los ochenta, por Julián Sánchez Bort, un experimentado especialista. Construyó el primero de los diques, falleciendo poco después, continuando con la obra el ingeniero de La Carraca Tomás Muñoz.

 

A Jorge Juan también se le pidieron informes sobre distintos proyectos para la conducción del agua potable hasta el Arsenal, pero el abastecimiento de agua a La Carraca no se solucionó durante el siglo XVIII.

 

5. Conclusiones:

La intervención directa de Jorge Juan en la construcción del arsenal de La Carraca fue muy modesta. Es cierto que en 1753 presentó junto a José Barnola un Proyecto General y el presupuesto para desarrollarlo. Sus principales aportaciones se centraban en la Plaza de la Construcción. Respetaba el Primer Proyecto General en cuanto al lugar asignado y los dos diques para carenar en seco previstos en el mismo. Por otra parte, las tres gradas de construcción de embarcaciones las incrementaban hasta nueve y las dotaba de rampas para facilitar la subida de las maderas. Sin abandonar el área industrial, también intervenía en las naves de arboladura, que reducía a doce. En su frente, en terreno continental, proyectó un dique para mantener enriadas las maderas destinadas a las arboladuras. Sin embargo, incluso una parte de estas propuestas no se realizaron. Se ha podido comprobar en el informe de Gerbaut que además de las citadas naves de arboladura, nada se había construido conforme al citado Plan. Aunque con independencia de su proyecto se le pidieron informes de otros proyectos relevantes, como los diques de carenar en seco, o la acometida de agua hasta el Arsenal, no salieron adelante. Sí se materializaron las sugerencias referidas a la cocina de Cuatro Torres. Como sostiene Barros Caneda, “gran parte de sus ideas no van a llevarse a cabo, e incluso aspectos de planos anteriores que desecha o modifica se harán conforme a los diseños primarios”[24].

 

Entonces, ¿a qué se debió que su intervención en La Carraca fuera tan modesta? ¿Por qué se le ha atribuido más protagonismo? Respecto a la primera cuestión, se consideran varias circunstancias:

- El presupuesto resultaba desproporcionado para la realidad consignada. Probablemente a causa de la discriminación del Arsenal de La Carraca frente a los de Ferrol y Cartagena (Juan Gerbaut).

- Quizás infravaloró las enormes dificultades del terreno carraqueño.

- La caída de Ensenada dejó sin su principal valedor al “Jorge Juan político”[25].

- Los desencuentros con Julián de Arriaga.

- Desprecio a las capacidades de Ciprián Autrán y a su estrecha vinculación desde hacía dos décadas al proyecto carraqueño. 

 

En cuanto a la segunda interrogante, ¿por qué se le ha atribuido más protagonismo? La respuesta puede ser más concreta: Consecuencia de la Política del Marqués de la Ensenada que se envolvió en el manto de creador de la Armada Moderna, y lo hizo con tanta fuerza, o tan bien programado, que su acercamiento a la realidad ha resultado –sigue resultando- una tarea compleja. El ejemplo es el propio arsenal carraqueño, al que notables historiadores continúan ubicando su creación en 1752, relegando casi a meras obras residuales el periodo 1717 - 1752, cuando en realidad se ha comprobado su creación inequívoca por José Patiño, a pesar de que sus construcciones, nada espectaculares y con abundancia de provisionales, y de la lenta evolución de sus obras no impidieron asumir las funciones previstas para un Arsenal Moderno.

 


[1] Sugerir estudios bibliográficos sobre Jorge Juan en el Blogs de la Fundación Ingeniero Jorge Juan, y con especialistas tan contrastados como su presidente, José María Sánchez Carrión, me parece todo un atrevimiento. No obstante, me vais a permitir que cite la considerable aportación de Armando Alberola Romá, Rosario Die Maculet y Cayetano Mas Galvañ, que ejemplifico en Jorge Juan Santacilia en la España de la Ilustración. Universitat de Alacant, 2015, en la son Editores literarios.

[2] Para estudiar a Julián de Arriaga hay que consultar a Baudot Monroy, María: La defensa del Imperio. Julián de Arriaga en la Armada (1700-1754). Ministerio de Defensa/Universidad de Murcia, 2013.

[3] El Marqués de la Ensenada ha sido ampliamente estudiado por José Luis Gómez Urdáñez.

[4] Merino Navarro, José P.: La Armada Española en el siglo XVIII. Madrid, 1981, p. 341.

[5] Martínez Shaw, Carlos: “El comercio, pieza clave en el reformismo económico del siglo XVIII”, pp.13-30. En Melón Jiménez, Miguel A. (Coord.). Los antecedentes de la Cámara de Comercio de Cáceres. Cáceres, 1999, p. 17.

[6] Véase Quintero González, José: La Carraca, el primer arsenal ilustrado español, 1717-1776, Ministerio de Defensa/Instituto de Historia y Cultura Naval, Madrid, 2004, pp. 68-69

[7] Calderón Quijano, José A. y colaboradores: Cartografía Militar y Marítima de Cádiz, 1513-1878 (dos tomos) Sevilla. 1978, t. I, p. 535, t. II, fig.  568.

[8] A.G.S. Marina, leg. 380. Salas a Varas. 19/08/1737. Citado en Quintero. 2004.  85.

[9] Gómez Urdáñez, José L.: “Jorge Juan, político” pp. 251-278, en: Alberola Romá, E, Mas Galvañ, C. y Die Maculet, R. (Eds.). 2015. 252.

[10] Baudot Monroy, María: “Jorge Juan y Julián de Arriaga: una relación difícil”, pp 279-302 en Alberola, A., Mas, C. y Die, R. (Eds.) 2015. 284-285.

[11] Quintero, 2004. 121-123

[12] A.G.S. Marina, leg. 316. Autrán a Varas. 08/06/1749. Citado en Quintero. 2004.  254, la nota en 297.

[13] A.G.S. Marina, leg. 317. Atribuido a Jorge Juan. 22/04/1750. Citado en Quintero. 2004.  254-255.

[14] Quintero 2004. 125 - 129

[15] Gómez, 2015. 265

[16] Quintero 2004. 129

[17] En 1752 Julián de Arriaga sustituye como Intendente General de Marina en Cádiz a Francisco de Varas y Valdés, fallecido ese mismo año.

[18] AGS, Marina, leg. 377. Ensenada a Arriaga (con copia a Jorge Juan y a Barnola). 21/11/1752

[19] Archivo del Museo Naval de Madrid, P2F-3: Plano y Proyecto del Arsenal de la Carraca de Jorge Juan y José Barnola. Citado en Quintero 2004. 129-134

[20] AGS, Marina, leg. 329. Arriaga a Gerbaut. 09/11/1759. La respuesta de Gerbaut, con fecha 14/11/1759 (Anexo informe del Ramo de Consignación de 14/11/1759)

[21] Quintero, 2004. 162

[22] AGS, Marina, leg. 329. Gerbaut a Arriaga 14/11/1759.

[23] Barros Caneda, José R.: Arquitectura y urbanismo en La Carraca durante el siglo XVIII. Sevilla, 1989, p. 102.

[24] Barros. 1989. 91

[25] Expresión con la que Gómez Urdáñez titula un artículo sobre el sabio de Novelda (Gómez. 2015)



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