José María Sánchez Carrión

Dr. Ingeniero Naval

Socio de Honor de la Asociación de Ingenieros Navales

Académico de número de la Real Academia de la Mar

Presidente de la Fundación ingeniero Jorge Juan

 

7 Mayo 2018 - Post nº 8

 

En 1729, cuando el joven Jorge Juan llega a Cádiz para incorporarse a la armada, previo paso por la academia de guardiamarinas, tiene ya una “personalidad forjada, una formación exhaustiva y probamente con la experiencia marinera como muzzi”[1]. Personalidad, no obstante, que pule y agranda con el paso de los años.

 

Se va a secuenciar la evolución de su carácter a través de los años por comentarios que nos han dejado escritos algunos de sus contemporáneos.

 

En 1737 Jassieu, uno de los franceses que compartieron con Juan la comisión geodésica en el Perú, dice respecto a los participantes españoles[2] que “son dos caballeros amables de extremadamente dulces, muy sociables y que conocen muy bien las matemáticas”. Sin embargo, La Condamine, jefe de esa misma expedición, escribe en los mismos años a Voltaire comentando la falta de formación específica para la misión encomendada. Después, este académico francés sería su valedor para su nombramiento como miembro de la Academia de Ciencias de París.

 

En 1747, el erudito jesuita Andrés Burriel escribe a Gregorio Mayans cuando está examinando, por indicación de la Inquisición, su obra “Observaciones Astronómicas” para comprobar si sus teorías “revolucionarias” de situar al Sol como centro del Universo contradicen o no las enseñanzas de la Iglesia. Juan defiende con tal vehemencia su teoría y su decisión de no cambiarla, que temiendo Burriel que la Inquisición le declarara hereje, o cuando menos no aprobara su edición, introduce un cambio sustancial de palabras ya que escribe “suposición” cuando Juan dice “teoría” y añade “si es que esto no contradice las enseñanzas de la Iglesia". A pesar de que menciona el “favorable impacto que le había causado el marino, a quien calificaba de sujeto de admirable ingenio y amabilísimas costumbres”[3] , Jorge Juan no se muestra satisfecho de tales cambios, pero reconoce que esa era la única solución para que su obra fuese publicada.

 

Cuando se comenta en el post número 7 sobre los rasgos forzados en la Isla de Malta, el jesuita Burriel analiza su comportamiento ante el análisis de cualquier asunto:

“Cuando se le hacía alguna pregunta facultativa, parecía en su ademán que era él quien buscaba la instrucción. Si se le pedía informe sobre algún asunto, primero se enteraba, después meditaba, y últimamente respondía. De la madurez con que daba su parecer provenía su constancia en sostenerle”.

 

En 1749, Pierre Bouguer, astrónomo e hidrógrafo que también participó en la comisión geodésica y autor del Traité du navire, de sa construction et de ses mouvements publicado aquel año[4] , describe a Juan como “joven, pero muy inteligente oficial”, pero que carece de rigurosidad en sus mediciones y precisión al solo emplear seis cifras decimales en los logaritmos. Esta crítica no sería olvidada por Juan quien, en una de las cartas que intercala con José Romero Fernández de Landa, dice de él que era “practico, que se asentaba en principios falsos, que el cálculo para averiguar la carena es válido, pero más viejo que sus abuelos, los demás todos son falsos[5]”.

 

Sus relaciones con Burriel[6]  se fueron deteriorando por los rasgos más negativos de su personalidad, tales como que era "reservado, orgulloso y susceptible". En octubre de 1748 se lamenta de que “no (puedo) mostrarme apasionado por Boturini aun con el mismo D. Juan porque éste es de genio muy raro y no menos raras aprensiones en esta materia”.

 

En diciembre del 48 se desahoga por la actitud del marino a haberse negado a hacer una recomendación de su hermano, Pedro a Ensenada, y lo hace lamentando que:

Después de lo que hice por él, por sus conveniencias, por su obra y por su fama, no ha sido para recomendar a mi hermano ni aún hablas de él a D. Zenón, temiendo acaso que le señalasen por compañero y que en todo le desluciese”. Sin embargo, años después añadiría que “No apreciaba a los hombres por la provincia de donde eran naturales, era el valedor, cuasi el agente de todo hombre útil”.

 

El también jesuita Biels[7] , sintió por Juan una admiración tal que le llevó a escribir su Elogio, tres años después de su muerte en 1776, a pesar de las dificultades que había encontrado para obtener información de primera mano, porque “se ha negado a darme del todo a darme noticias de sí y de sus cosas”[8]. A pesar de ello logra acabar su obra en la que realza la contribución de Juan y Ulloa en sus “Observaciones astronómicas” por sus aportaciones novedosas a la Geometría superior y describe a Juan como:

 “Fue de estatura y corpulencia mediana, de semblante agradable y apacible, aseado sin afectación en su persona, parco en el comer, el igual de sus subalternos, el amigo de sus criados, y por decirlo todo en menos palabras, sus costumbres fueron la de un filósofo cristiano”.

 

Armando Alberola y Rosario Die, que han estudiado los archivos de la Casa Museo Modernista de Novelda, dicen que en las carpetas 2.34.9 y 2.34.15 se encuentran cartas a su hermana Margarita, en las que explica por qué niega favorecer a dos cuñados[9]. Cuando Romero Landa le pide que le recomiende en petición de ingreso en el Cuerpo de Ingenieros de Marina no solo no lo hace, sino que aconseja que su petición la haga en términos sumisos.[10]

 

 

Miguel Sanz, en su Breve noticia[11] , dedica varias páginas a la descripción de la personalidad, algunas exageradas escritas con el cariño y respeto por el que fuera su jefe durante más de veinte años. Este tiempo no fue suficiente para mantener complicidades personales:

  • Ingenio sutil, pertinaz viveza y pronta penetración acompañada con laboriosísimo genio, amor a la verdad y a la justicia, de tal forma que una vez establecidos sus dictámenes meditados y maduramente concebidos se mantenían sin cambios y eran compensadas con la piedad, llena de benignidad y pureza y de admirable magnanimidad, agradecido con las sencillas alabanzas, pero rehuía de las extraordinarias que alguna vez le molestaron, amor a la patria y el prójimo[12]. Brillante comunicador, especialmente en la docencia, enseñando cuanto podía a cualquiera que consideraba capaz de asimilarlas tanto en la Academia de guardiamarinas, como en el Seminario de Nobles.
  • Moderado en la comida y bebida, no solía aceptar invitaciones, aunque las realizaba con frecuencia, vegetariano en una época se alimentó durante algunos años de yerbas condimentadas y agua pura del tiempo.
  • Dedicación al estudio, por encima de diversiones o lectura, de tal suerte que todas las horas las dedicaba a sus libros y papeles, incluso en las noches de insomnio o desvelo ya que en su mesita de cabecera se preparaba una “yesca y pajuela una pistolita de luz con su bujía” para seguir así con sus cálculos o estudios.

 

Su salud sufrió altibajos en muchas ocasiones, por el duro trabajo en el Perú, sus caídas del caballo, por las humedades de las minas de Almadén o el accidente laboral en Ferrol. Padeció inflamaciones de garganta que se incrementaron al final con la vida sedentaria y en muchas ocasiones padeció cólicos-biliosos-convulsivos que algunos le pusieron al borde de la muerte y que le dejó gafo[13].

 

Concluye “En fin, sus virtudes sobresalientes, su ciencia consumada y su constancia hacia las empresas también meditadas, que sus manos o inmediata dirección ninguna se desgració y en la práctica se vieron logradas todas con el mismo acierto y magisterio que se idearon, le constituyen en la clase de los verdaderos Héroes, a quienes quieren el obsequio de ambas Majestades debemos imitar".

 

En una de las cartas que Jorge Juan escribe a Romero Landa, de fecha 6 de abril de 1768, dice:

 “Deseo que VM se mantenga con perfecta salud: yo voy ya recobrando la mía que ha estado mui quebrantada de un recio y largo cólico convulsivo de nervios que me ha tenido postrado cerca de tres meses, quedándome aún la mano tan débil que apenas puedo firmar; pero de todos modos dispuesto a servir à VM, pidiendo à Dios guarde su vida muchos años"[14].

 

[1] Nuria, Valverde, Un mundo en equilibrio. Jorge Juan (1713-1773). Los "Muzzis" eran muchachos de entre catorce y dieciséis años que embarcaban en los navíos y que representaban el diez por ciento de la dotación. Después podrían ser nombrados “caravanistas” para realizar las caravanas o “correr caravanas” en las galeras para perseguir a los corsarios turcos o berberiscos y que tenían una duración de seis meses.

[2] Los tenientes de navío Jorge Juan y Santacilia y Antonio Ulloa y de la Torre-Guiral

[3] Armando Alberola y Rosario Die en su “Estudio preliminar sobre la Breve Noticia” refiriéndose al “Epistolario de André Burriel a Gregorio Mayans” de fecha 11 de febrero de 1947

[4] Jorge Juan escribiría su Examen Marítimo veintitrés años después y con respecto a las obras de Chapman está en el punto medio ya que la Architecture Navalis mercantori se publico en 1768 y Tractat on-Skepps byggeriet en 1775

[5] El texto de la carta completa del 29.07.1766 se reproduce en el Corpus Documental de mi tesis, ya citada, con acceso Oa.upm.es/39782/ a la biblioteca virtual de la Universidad Politécnica de Madrid

[6] Armando Alberola y Rosario Die en su Estudio preliminar de la Breve Noticia

[7]. El matemático catalán Benito Bails es autor que vio la luz tres años después de la muerte del marino y dice que “he querido darle, aunque difunto, un testimonio de mi gratitud, porque fue su voto, fue empeño suyo el que a mí se me encargara escribir el Curso de Matemáticas, cuya impresión se está concluyendo”. Se refería a sus Principios de Matemáticas de 1776 y en los Elementos de Matemáticas (el que introducía en España el Análisis matemático y el Cálculo diferencial) y que sería nombrado en 1768 Director de Matemáticas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con el apoyo de Jorge Juan, que desde 1767 era Académico de Honor.

[8] En el post 7 se incluye un comentario sobre que Juan se estaba comportando como lo hizo con La Condamine cuando no le autorizó que le encargara un retrato para la Academia,

[9] Todos los escritores de la época coinciden en este rango el de buscar personas para los empleos y no empleos para las personas. Como muestra, además de las que se citan, su negativa a ayudar a su familiar de Biels

[10] José María Sánchez Carrión, Tesis doctoral, Op. cit.

[11] BNE, Ms 7406, ff.98 – 105 v.

[12] Armando Alberola y Rosario Die ven una velada alusión al Marqués de la Ensenada, al que visitó en Granada y en Puerto de Santa María después de su caída.

[13] Dedos de la mano encorvados y sin movimiento.

[14] José María Sánchez Carrión. Tesis doctoral cit. Volumen I. Transcripción de las cartas de Jorge Juan a Romero Landa. AMNM, Ms 1883. Se ha actualizado la ortografía

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